Posteado por: Amaya | 5 agosto, 2011

El verbo leer

“En realidad, no es un libro de reflexión sobre la lectura -dice el autor-, sino una tentativa de reconciliación con el libro”

I

El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos; el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…

Claro que siempre se puede intentar. Adelante: “¡Ámame!” “¡Sueña!” “¡Lee!” “¡Lee! ¡Pero lee de una vez, te ordeno que leas, caramba!”

- ¡Sube a tu cuarto y lee!

¿Resultado?

Nnguno.

Se ha dormido sobre el libro. La ventana, de repente, se le ha antojado inmensamente abierta sobre algo deseable. Y es por ahi por donde  ha huido para escapar al libro. Pero es un sueño vigilante: el libro sigue abierto delante de él. Por poco que abramos la puerta de su habitación le encontraremos sentado ante su mesa, formalmente ocupado en leer. Aunque hayamos subido a hurtadillas, desde la superficie de su sueño nos habrá oído llegar.

-¿Qué, te gusta?

No nos dirá que no, sería un delito de lesa majestad. El libro es sagrado, ¿cómo es posible que a uno no le guste leer? No, nos dirá que las descripciones son demasiado largas.

(…)

IV.

El cómo se leerá

(o los derechos imprescindibles del lector)

1 El derecho a no leer

(…)

2. El derecho a saltarse las páginas

(…)

3. El derecho a no terminar un libro

(…)

4. El derecho a releer

(…)

5. El derecho a leer cualquier cosa

(…)

6. El derecho al bovarismo (Enfermedad de transmisión sexual)

Eso es, grosso modo, el bovarismo, la satisfacción inmediata y exclusiva de nuestras sensaciones: la imaginación brota, los nervios se agitan, el corazón se acelera, la adrenalina sube, se producen identificaciones por doquier, y el cerebro confunde (momentáneamente) lo cotidiano con lo novelesco.

Es nuestro primer estado colectivo de lector.

Delicioso

(…)

7. El derecho a leer en cualquier lugar

(…)

8. El derecho a hojear

(…)

9. El derecho a leer en voz alta

(…)

10. El derecho a callarnos

El hombre construye casas porque está vivo, pero escribe libros porque se sabe mortal. Vive en grupo porque es gregario, pero lee porque se sabe solo. Esta lectura es para él una compañía que no ocupa el lugar de ninguna otra pero que ninguna otra compañía podría sustituir. No le ofrece ninguna explicación definitiva sobre su destino pero teje una apretada red de connivencias que expresan la paradójica dicha de vivir a la vez que iluminan la absurdidad trágica de la vida. De manera que nuestras razones para leer son tan extrañas como nuestras razones para vivir. Y nadie tiene poderes para pedirnos cuentas sobre esa intimidad.

Los escasos adultos que me han dado de leer se han borrado siempre delante de los libros y se han cuidado mucho de preguntarme qué había entendido en ellos.  a ésos, evidentemente, hablaba de mis lecturas. Vivos o muertos, yo les dedico estas páginas.

Daniel Pennac, Como una novela

“No leo porque no me gusta”

“¡El niño no me lee!”

“El Informe PISA 2006 nos advertía de que España era el país que más había bajado su nivel de lectura con respecto a los informes anteriores”

“El 61,9% de los españoles mayores de 14 años lee libros”

Los padres de niños con problemas de lectura se sienten extremadamente preocupados

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